AUTOBIOGRAFIA DE MADAME GUYON PDF

No se preocupe. Otra cosa. Si es usted un alma apasionada y de natural encendida, es posible que a medida que vaya leyendo, se levante en su interior cierta envidia, e incluso se sienta tentado a culparse de ciertas cosas. Su autora, sobre todas las cosas, deseaba mostrar la bajeza y debilidad en que continuamente se encontraba.

Author:Vudolkree Yozshuktilar
Country:Samoa
Language:English (Spanish)
Genre:Science
Published (Last):5 June 2010
Pages:445
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ISBN:773-5-80389-351-7
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No se preocupe. Otra cosa. Si es usted un alma apasionada y de natural encendida, es posible que a medida que vaya leyendo, se levante en su interior cierta envidia, e incluso se sienta tentado a culparse de ciertas cosas.

Su autora, sobre todas las cosas, deseaba mostrar la bajeza y debilidad en que continuamente se encontraba. Yo, el que Soy. Y hay muchos que tardan toda una vida aprender esta verdad. Su padre era Claude Bouvier, uno de los procuradores del tribunal de Montargis. Despreciada, apreciada, insultada y loada. En la amargura de su celo exclama contra todos los pecadores, y perfila las puertas de la misericordia cerradas contra ellos, y el cielo un lugar al que no tienen derecho.

Mientras, la pobre pecadora, Magdalena, es perdonada porque ama mucho, y su fe y amor son aceptados como justicia. El propio Legislador es condenado por los versados e insignes como un malhechor, y muere una muerte ignominiosa. Muchos de sus antepasados fueron santos. Ella se deleitaba de manera peculiar al ver mis retozos y prestaba cierta dulzura para con mi conducta exterior. Es una grave falta, de la que las madres son culpables, cuando, con el pretexto de quehaceres externos, u otro tipo de devociones, obligan a sus hijas a soportar su ausencia.

Y no me abstengo de condenar esa injusta parcialidad con la que algunos padres tratan a sus hijos. Es frecuente fruto de divisiones en familias, e incluso supone la ruina de algunas.

Esta negligencia es la ruina de multitud de muchachas. Dios debe ser servido a Su manera. Que las traten como hermanas, no como esclavas. No deben de ser atiborradas de una comida que no pueden saborear. Y muchas veces sucede que el favorito resulta ser un azote para los padres, mientras que el pobre despistado y odiado se convierte en su consuelo y apoyo. Por consiguiente, me ausentaba de forma voluntaria de su presencia.

Dios ha tenido siempre esta merced para conmigo, aun en mis mayores infidelidades. Mejoraba mucho en los estudios cuando no estaba enferma, pero muy a menudo lo estaba, y era atacada por males que eran tan inesperados, como poco corrientes. Poco antes de este duro ataque, mi otra hermana tuvo celos, y quiso tenerme bajo su cuidado. No estuve mucho tiempo en mi hogar.

Pero era verdaderamente muy infeliz en esta casa. IV A los ocho meses aproximadamente mi padre me trajo a casa. Otras veces me golpeaba. Si hubiese sabido hacer buen uso de este tu guiar mortificante, pudiera haber conseguido un buen avance.

Cierto, yo era mala. He tenido una experiencia demasiado larga y fatal de mi libertad. Ahora pensaba entregarme a Dios en serio. En breve regresaba otra vez a mis infidelidades. Una persona de veras humillada no permite que nada le ponga furiosa.

Hay personas que se consideran muy mansas porque nada les frustra. Este escollo no me dio pocos quebraderos de cabeza, durante bastante tiempo. No lo hizo por temor a afligir a mi padre, el cual estaba ausente. Al mismo tiempo, mi madre se encontraba indispuesta en otra parte de la casa. No pongo en duda que mi diligencia le era de mucho agrado. Mi madre era una mujer muy virtuosa. Los necesitados nunca fueron descuidados. Ni tampoco nunca un desdichado vino a ella sin recibir socorro.

Mi padre se trajo con nosotros a uno de sus parientes, un joven caballero de altas esferas. Mi confesor fue blando con el tema. Es una fortaleza en la que el enemigo no puede entrar. No, por cierto. Con frecuencia era culpable de mentir. Esto me hizo tan vana interiormente, que dudo que alguien me haya nunca superado en ello. Nos deja que padezcamos todas las austeridades que queramos.

Era lo suficientemente echada para adelante como para lucirme y exhibir mi orgullo, haciendo un desfile de esta vana belleza. Esto se hizo sin consultarme. Me hicieron firmar los estatutos de matrimonio sin permitirme saber lo que era. Dios lo dispuso todo de forma muy diferente. Era muy reservada para con los hombres. La otra, mi vanidad. Tras la firma de mi contrato nupcial, las misas declararon que mi matrimonio estaba en la voluntad de Dios. Deseaba al menos que se hiciera de esta forma.

En medio de este regocijo general, nadie estaba triste mas que yo. Lloraba amargamente. Me vi obligada a cambiar mi conducta. Su forma de vida era muy diferente a la que se llevaba en casa de mi padre. En casa de mi padre se nos obligaba a comportarnos de una manera fina y elegante, a hablar con propiedad. Es un requisito insalvable mirarlo todo desde el lado que Dios se encuentra. Su temperamento era una cosa tan particular que, al no haberlo tratado nunca en su juventud, a duras penas era capaz de convivir con nadie.

Todo esto hizo que mi carga resultara insoportable. Nunca fui a verles, pero a mi regreso tuve que lidiar con algunos discursos amargos. No puede decir ni dos palabras. Me vigilaba como una institutriz. Mi marido era sensible a mi inocencia y a la falsedad de las insinuaciones de mi suegra.

Estas pesadas cruces me hicieron volver a Dios. Mis cruces se multiplicaron.

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Jeanne Guyon

Of a sensitive and delicate constitution, she was sickly in her childhood and her education was neglected. Her childhood was spent between the convent, and the home of her well—to—do parents, moving nine times in ten years. Other important impressions from her youth that remained with her came from reading the works of St. Francis de Sales , and from certain nuns, her teachers. Prior to her marriage she had wanted to become a nun, but this desire did not last long. During her twelve years of marriage, Guyon suffered terribly at the hands of her mother-in-law and maidservant. Adding to her misery were the deaths of her half-sister, followed by her mother, and her son.

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Autobiografia de Madame Guyon

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