LA CAMPAGNE DE RUSSIE LON DEGRELLE PDF

Elle ne comporte donc pas les multiples petites corrections, certaines fort fcheuses, que des diteurs empresss ont cru bon de faire subir au texte en Les erreurs restantes seraient les ntres. Au rgime anarchique des vieux partis, tous avilis par de lpreux scandales politicofinanciers, je voulais substituer, lgalement, un Etat fort et libre, ordonn, responsable, reprsentatif des nergies vritables du peuple. Je les ai fouailles et flagelles. Rex fut un mouvement de rnovation politique et de justice sociale. Nos mains taient nettes, nos curs taient propres, notre amour de la patrie, lucide et brlant, tait pur de toute compromission.

Author:Grotaur Brazil
Country:Sweden
Language:English (Spanish)
Genre:Technology
Published (Last):25 October 2005
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Rex no estaba en modo alguno supeditado al Tercer Reich triunfante, ni a su jefe, ni a ninguno de sus propagandistas. Han sido cogidos los archivos todos del Tercer Reich. Los mismos que en insultaban a Hitler, forcejearon por postrarse antes que nadie a los pies del vencedor de Casi todos los observadores consideraban a los alemanes como vencedores absolutos.

Antes de que concluyeran las hostilidades era menester ganarse el derecho de negociar eficazmente y de hablar con dignidad en nombre de un pueblo noble y antiguo. No quise caer en la trampa. Yo buscaba y aguardaba algo distinto. Pero hubiera podido ganarla. El mundo se ceba hoy en los vencidos; condena a muerte a nuestros soldados, a los heridos y a los mutilados, o bien los acorrala en campos y prisiones infames. Nada respeta, ni el honor del combatiente, ni a nuestros padres, ni nuestros hogares.

Pero la desgracia no nos arredra. Unos hombres vivieron en las inacabables estepas lejanas. La Alemania nacional-socialista de estaba realizando un esfuerzo sin antecedentes.

Las democracias tragaron sapos, culebras, escorpiones y principios morales por miedo a afianzar la alianza de Stalin con el Tercer Reich. Pero era demasiado tarde. Al contrario, para nosotros, pueblos del Continente, aquel combate se presentaba como un combate decisivo. Los aliados de ayer iban a sentir miedo, porque la U. Chapoteaban desenvueltamente en el barro, con botas a lo cosaco, entre los chillidos de los cerdos.

Tuvimos que soltar toda impedimenta y acampar en la ciudad de Pervemaisk. Ahora bien, se avecinaba el invierno. Tras cruzar el valle inundado del Bug nos unimos a otro convoy. Los tanques del Reich progresaron sin tropiezo hasta Dniepopetrovsk.

El setenta y cinco por ciento de nuestros soldados eran trabajadores manuales. Nuestras columnas formaron a media noche. El agua no corre, se estanca; la tierra se coge a los pies y aprisiona los tiros de los carruajes.

Poco a poco, los fugitivos rusos se crecieron. Tuvimos que conocer la verdadera guerra, la de desgaste, la de los fangos que absorben el cuerpo, la de los camaranchones nauseabundos, la de las marchas interminables, la de las noches de diluvio y de vendavales aulladores.

En cuanto salimos de Dniepopetrovsk nos lanzaron contra ellos. Los agujeros eran tan peligrosos que decidimos atarnos de tres en tres, para poder retener a tiempo a aquel de nosotros que de pronto se hundiese.

Equipajes y bagajes quedaron abandonados en el agua. Por fin nos derrumbamos en unas isbas desiertas y con paja y tablones de tabiques improvisamos unos fuegos.

Todos mugrientos y chillones, y con las narices llenas de moco. Los fondos de aquellas miniaturas eran encantadores: castillos verdes y blancos, venadillos graciosos. Todo ello rodeado de guirnaldas de papel verde y rosa.

Anejo a la isba, el cobertizo de los animales. Era su capital, objeto de todos sus afanes. Primeros compases del gran invierno ruso. Brillaban los arbustos salpicados de millares de estrellitas. Los juncos, lanzas de tres metros de altura, coronados de plumeros grises y rosas pululaban en las grandes estanques.

La helada apretujaba sus tallos grises. Los campesinos comprobaron primero la consistencia del hielo negro espolvoreado de nieve. No estaban en ninguna parte y se nos atravesaban por todas. Los puestos distaban trescientos metros de las isbas. Por dos veces practicamos profundas incursiones en el bosque, descubriendo por todas partes sobre la nieve crujiente, huellas de botas de fieltro.

No silbaba una bala. A nuestra derecha las tropas alemanas entraron a su vez en contacto con el enemigo. Una noche, hacia las once, llegaron; echados en la nieve, vaciamos las cintas de nuestras ametralladoras. Comprobado que hubieron la solidez de la barrera, los rusos volvieron a desaparecer en sus guaridas.

Nuestros hombres recibieron orden de tomar al asalto las posiciones del enemigo. Acogida en los alrededores del agua por un fuego violento, la tropa tuvo que cargar, franqueando a descubierto veinticinco metros de hielo raso.

De vez en cuando, destrozados los nervios por el esfuerzo, un hombre se desplomaba de cara contra el hielo. Centenares de miles de tallos de girasoles rayaban la inmensa estepa blanca.

Revoloteaban nubes de gorriones, como locas bolitas de lana. Al quedar pues cubiertas de montones de nieve las flechas indicadoras; las tropas no tardaron en extraviarse. El fumaba, despidiendo breves bocanadas de humo.

Del dolor, gruesos goterones de sudor le chorreaban por el rostro. Gracias al barro, los rojos manifestaron ciertas reacciones y lograron recuperar Kostow, donde, por falta de gasolina, los alemanes abandonaron y quemaron centenares de camiones. Los excrementos descongelados apestaron el aire. I Tierra quemada!

Dos viejas tiraban, cada una por su lado, del estomago y los intestinos. Fuera, nevaba densamente. Los conocimos al echar pie a tierra en Dniepopetrowsk, alrededor de un tonel enorme

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Léon Degrelle La campagne de Russie

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